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miércoles, 27 de julio de 2011
Macerar la rabia
Hace siglos, los cristianos afligían sus carnes con penitencias, con el objeto de expiar sus pecados. Algunos todavía lo hacen. A eso se le llama “macerar”, mortificar el cuerpo. Esa palabra se utiliza también en química cuando se trata de ablandar un tejido, sumergiéndolo en un líquido durante un tiempo prolongado. Pero el enojo que causan ciertas situaciones, por más que nos lo propongamos por fe cristiana o por simple buena voluntad, no pueden moderarse. Así que aquí me hallo, triste e irritada, sumergida en el agua de una bañera que no puede disminuir mi rabia, ni aligerar mi ánimo. Si la ira es un pecado capital, ¿cabe macerarla con la una expiación? ¿No es esto también una forma de violencia? Y qué pasa cuando uno tiene razones de sobra para su disgusto, ¿a quién le toca pagarla?
martes, 26 de abril de 2011
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