Mostrando entradas con la etiqueta Bitácora (cuaderno de). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bitácora (cuaderno de). Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de agosto de 2011

Educación religiosa

El gran problema de la educación católica, así como de su doctrina, es fundamentarse sobre la idea de la imperfección humana, como resultado del pecado original. Ese pesimismo se traslada al cuerpo, asumido no sólo como corrupto sino como siempre irremediablemente corruptible. Esta misma suposición sustenta la idea de la desigualdad de los sexos, excusada bajo el supuesto de que hombres y mujeres habían sido creados con distintos fines biológicos –y, por extensión, sociales–. Por esta razón, mientras el movimiento feminista gana batallas para la igualdad, no sólo política sino (más importante) mental, pierde vigencia el discurso de los colegios católicos, apuntalado por la negativa del Vaticano a rectificar sus posturas sobre los usos del cuerpo humano.

viernes, 29 de julio de 2011

Leer parada.

Cuando el público, movido por la arrobadora actuación de un ejecutante, quiere reconocerlo aplaude de pie. Pero, ¿Qué pasa cuando nos encontramos con una obra mala? En mi caso, que tengo que leer constantemente innumerables publicaciones deficientes y reflexionar sobre ellas por escrito, he descubierto que estar parada no es una demostración de admiración al talento. Tengo que leer ciertas obras de pie para no dormirme, porque aunque la vorágine de la crítica periodística siempre apremia, mis sentidos no están conscientes de ello y me traicionan. Así que si un día me ven leyendo de pie, supongan que preferiría alejarme del autor que me ocupa.

miércoles, 27 de julio de 2011

Macerar la rabia

Hace siglos, los cristianos afligían sus carnes con penitencias, con el objeto de expiar sus pecados. Algunos todavía lo hacen. A eso se le llama “macerar”, mortificar el cuerpo. Esa palabra se utiliza también en química cuando se trata de ablandar un tejido, sumergiéndolo en un líquido durante un tiempo prolongado. Pero el enojo que causan ciertas situaciones, por más que nos lo propongamos por fe cristiana o por simple buena voluntad, no pueden moderarse. Así que aquí me hallo, triste e irritada, sumergida en el agua de una bañera que no puede disminuir mi rabia, ni aligerar mi ánimo. Si la ira es un pecado capital, ¿cabe macerarla con la una expiación? ¿No es esto también una forma de violencia? Y qué pasa cuando uno tiene razones de sobra para su disgusto, ¿a quién le toca pagarla?

lunes, 18 de julio de 2011

Juego vulnerable

Manuel estaba allí, viéndola. La hallaba vulnerable y fácilmente podía abrirle la carne. Imagino que adentro, en su alma, reconocería los miedos de una mujer sin amor propio. Por eso, Ada sintió vértigo. Era su presa, no porque a Manuel le gustara especialmente ella, sino porque podía atacarla. Era una recompensa segura, quizá una bastante limitada, pero a todas luces la presa más fácil.Y era culpa suya, porque desde que había llegado a aquél lugar había dado pruebas de su minusvalía.

domingo, 17 de julio de 2011

Tres puntos suspensivos

Ver un texto de ficción terminado en… me da… , porque le dice al lector que la historia sigue pero nunca podrá leerla. Es peligroso el autor que abusa de los… porque desvirtúa su significado y confunde al lector. El uso antiguo de los… indicaba supresiones o sustituciones en las transcripciones. A partir del siglo XX –quizá por influencia del inglés– se les usó también para informar de la actitud vacilante, de silencios significativos o de temor en un hablante; para evitar las repeticiones; para sustituir a las palabras malsonantes –las groserías, claro– y, finalmente, como sustituto del “etcétera”. En la recientemente editada Ortografía de la RAE se señala que los… se usan para finales sobreentendidos. Entonces, al leer un cuento con tres puntos suspensivos al final asumo que perdí mi tiempo leyendo aquello que lo antecede.

sábado, 16 de julio de 2011

Abandono

Estaba vivo como sólo pueden estarlo los animales salvajes. Ella lo sabía y no le importaba. Pero él quería mantenerla como su redención, sin ensuciarla con su pasado. Y lo peor, pensó en aquel momento, es que hace muchos años esta manera de existir había dejado de molestarle. Lo único que le importaba a estas alturas era conseguir una manera de redimir sus pecados y por eso, la mujer no podía abandonarlo.

lunes, 11 de julio de 2011

Película

Pensó en que podían invitarla al cine, que era lo mejor porque no quería hablar de lo que pasaba. La relación se les estaba desmoronando encima y él la invitaba a ver un ciclo de Woody Allen. Qué ironía. La realidad era peor, como una película mal actuada apenas dos borrachos tratando de transformar sus frustraciones en la compañía transitoria de otro cuerpo, aunque no recordasen bien el nombre del otro. Tenían la mitad de sus vidas juntos y no estaban interesados en confesarse que no estaban interesados en el otro.

lunes, 27 de junio de 2011

Clásicos


Una obsesión literaria me cercena la cabeza: ¿Cuántos libros necesarios hemos dejado de leer por desconocer su existencia o porque su legado está tan arraigado en el inconsciente colectivo que se hace innecesario dedicar tiempo a recorrer sus páginas? Pero lo que me parece realmente enloquecedor de esta reflexión es que evidencia lo sensible que somos, entonces, a construir nuestro mundo simbólico, y por ende el real, a partir de las interpretaciones que otro ha hecho de la realidad: ¿Qué tal si hemos construido nuestra vida social –o peor aún: nuestra vid íntima– sobre concepciones erradas de esas lecturas que no hicimos?

martes, 3 de mayo de 2011

domingo, 24 de abril de 2011

El drama de la voz

Cuando hablo con los demás, escucho el eco de una voz en mi cerebro que editorializa cada comentario ajeno y, a veces, hace pie de página a mis intervenciones en el mundo exterior. Es una voz molesta, como la de una viejecita que vivió en la época de las lamias y guarda en cada acotación la experiencia de cosas que vivió, que imaginó o que convirtió en pesadilla. Cuando estoy sola es cuando más incómoda me pone, porque nunca me permite ver las cosas como quiero sino como son. Es una voz hiperreal de mujer cínica. Esa, para mi desgracia, es la voz de la escritora.

sábado, 16 de abril de 2011

Vida vegetal

El hombre se sentó frente a la ventana, todavía sin cambiar la expresión que a su esposa tanto había perturbado. Miró el anochecer y comenzó a salivar. Este acto involuntario de la boca, que en todos los seres humanos es tan común, a Evaristo siempre le divertía, porque le recordaba que había una parte de él que estaba vivo, aunque esta fuera minúscula. Era la misma sección de su existencia que le causaba aquella sensación tan horrible de hambre; aquella necesidad de desmechar a dentelladas cada sección de su alimento.

jueves, 17 de febrero de 2011

La medida del fracaso

De la misma manera que cada quien tiene una imagen específica para calcular la felicidad –Los Beatles, en una canción, hablan de longitudes y edades—, cada uno de nosotros tiene su medida del fracaso. La imagen del éxito en la sociedad contemporánea, como escribe Muriel Barbery en La elegancia del erizo, sobre la familia de una de sus protagonistas es “una juventud dedicada a tratar de rentabilizar la propia inteligencia, a exprimir como un limón el filón de los estudios y a asegurarse una posición de élite”. Pero no todos nosotros nos sentimos satisfechos con eso. El problema está en que, de la misma manera que aquello que nos produce alegría es una prerrogativa íntima, también la satisfacción lo es. Entonces, nadie sino uno mismo puede saber cuándo ha fracaso realmente, aunque sea rico como un Rockefeller o esté en la cúspide de la popularidad, lugar que nunca depende de uno.

jueves, 10 de febrero de 2011

Territorios de novela

La novela es el territorio de los experimentos y donde cada intelectual se hace y se responde las preguntas, además de la cantera donde encuentra sus temas, sus obsesiones y sus definiciones.

martes, 8 de febrero de 2011

Rusia, Aristóteles y los espectáculos

Una reflexión de Jorge Volpi en No será la Tierra (2006) me golpeó por su certeza: refiriéndose al estado de los diarios en la recién nacida Rusia, apuntó que el cambio más grande que había traído la recién inaugurada libertad de prensa fue la apertura a nuevos mercados, que la sometió a la tiranía de la publicidad y al menoscabo del periodismo investigativo –que había servido refugio y reafirmación a la oposición rusa, así como a su pueblo afligido por la dictadura—. Comenzaron a proliferar, en los mismos espacios donde antes se le daba cabida al pensamiento de oposición, intereses más espectaculares, al fin y al cabo la gente lo que quería era distraerse. Claro que Volpi lo escribió mejor, pero ustedes me entienden.

Ya en su Poética, Aristóteles señalaba que el espectáculo –que él asociaba con un modo que se manifiesta en la tragedia, por su particularidad de género presentativo— era la parte menso importante de una obra literaria, porque la estimaba como la menos propia del arte poética. Así, el espectáculo era, desde los tiempos inmemoriales, el estrato más superficial y menos empático –porque los discursos de la empatía, más que de la simpatía, son la base de la cultura griega—. ¿De qué vale, entonces, de que siglos después nos empeñemos en cambiar el discurso dominante con la forma más superficial del discurso abstracto?