“Escribo porque soy una persona que vive lleno de perplejidades que sólo se resuelven en la ficción”
Juan Carlos Méndez Guédez
“Escribo porque soy una persona que vive lleno de perplejidades que sólo se resuelven en la ficción”
Juan Carlos Méndez Guédez
Aunque me parece profundamente complicado y de una oscuridad innecesaria, el pensamiento de Bataille, por lo menos en lo pertinente al erotismo, me sobrecoge por vincular la sexualidad con la cima de la experiencia humana a través de “una posible continuidad vislumbrada en el ser amado”, la verdadera e irrenunciable unidad con el otro. Aunque por sus ideas de la comunión con la otredad, sus escritos apunten a la comparación del acto sexual con la experiencia mística, Bataille no se hubiera obsesionado tanto con el tema de no considerarlo cotidiano. Es en la idea de la banalidad del sexo y la profundidad de la experiencia compartida donde el filósofo sorprende a los autores actuales por la vigencia de sus planteamientos.
Más que una excepción en el panorama intelectual de su tiempo, el Marqués de Sade describe a cabalidad el iluminismo que le tocó vivir. Como noble, este libertino encarnó el poder de su clase frente a sus súbditos y a la Revolución Francesa a la cual se unió al final, fue además uno de los escritores más visibles de la literatura pornográfica que comenzó a proliferar en el siglo XVII y su experiencia sirvió para producir discursos que permitieron normar comportamientos sexuales.
“Que uno se sienta superior a otro no le hace superior. Pero sentirse inferior a alguien sí le hará ser inferior a él”.
Álex Grijelmo, La punta de la lengua
Sí, como Michel Foucault explica en su Historia de la Sexualidad, desde el siglo XVII existe una obsesión tal en occidente con el sexo que se termina creando un discurso alrededor de la sexualidad, entonces el Marqués de Sade (1740-1814) no era realmente un marginado, un sucio libertino. Por eso Donatien Alphonse François (Marquis de Sade) famoso por escribir pornografía filosófica y con frecuencia violenta, que pensaba que la obtención del placer personal era e principio más sagrado. Pero si nos detenemos a pensar un poco su época él era un hombre bastante coherente con su época –un verdadero heredero de la Ilustración. Y s sólo esta conexión con su momento histórico lo que lo hace universal y despierta las sensibilidades de académicos modernos desde Teodoro Adorno a Simone De Beauvoir.
Nunca había pensado durante suficiente tiempo qué es lo que me gusta tanto de los ensayos de Julia Kristeva. Pero lo interesante de la escritura es que siempre hay una idea que te ataca, entre la sucesión de párrafos y el extenso bosque conformado por millones de letras, no importa cuán cansado estés. Con Poderes de la perversión, que lo leo por segunda vez, me acaba de pasar algo así. Allí acabo de descubrir que la autora búlgara no realiza un estudio de la femineidad, sino de la marginalidad, en la que el sujeto revolucionario, femenino o masculino, es capaz de irrumpir en el orden simbólico y distorsionarlo.
Lo abyecto que yo tomo de Kristeva explica también por qué me intereso con igual pasión por la investigación feminista que por la búsqueda de lo real sórdido en la literatura venezolana. Si yo siento, como mujer que mi discurso es marginal y abyecto, ¿por qué no voy a poder ser capaz de discernir el discurso de otros en mi otredad que sufren la misma marginación?