sábado, 27 de abril de 2013

La honestidad del dolor


“Grief has no distance. Grief comes in waves, paroxysms, sudden apprehensions that weaken the knees and blind the eyes and obliterate the dailiness of life”
(El dolor no tiene distancia. El dolor viene en olas, paroxismos, en aprehensiones súbitas que debilitan las rodillas y enceguecen los ojos y arrancan la cotidianidad de la vida)
Esta frase la escribe Joan Didion en The year of magical thinking, la obra testimonial que escribió entre 2005 y 2006 sobre la muerte de su esposo y el año que le sucedió, al que bautizó “del pensamiento mágico”, porque se la pasaba pensando en que en cualquier momento su esposo, John Gregory Dunne, iba a aparecer… y luego recordaba que había muerto. En esta frase pensé cuando leí el bello libro que ha venido Piedad Bonnett a presentar en Caracas: Lo que no tiene nombre. Es un tributo a su hijo, Daniel, que se suicidó en el año 2008. El dolor materno es tan palpable en la prosa de Bonnett como la buena literatura y si pensé en esa escritora de oficio y de mente aguda que es Didion cuando lo leí, además de por eso que es obvio –el duelo de una escritora vertido en un libro–, es porque el texto de la colombiana comparte con la estadounidense un ingrediente fundamental en el género testimonial y yo diría que en toda la literatura: la honestidad.