sábado, 30 de abril de 2011

Ernesto Sábato: Palabras de aliento

Con estas palabras de aliento habló Ernesto Sábato en el año 2002 –después del 11 de abril, después de la huelga general— a los venezolanos:

He venido hasta acá a mis 91 años, cuando todo paso es un precipicio, a compartir con este querido pueblo latinoamericano. La angustia ante el desamparo, la violencia, la miseria de este hermoso continente que supo gozar de una fauna, de una flora, de una riqueza mineral que lo convirtió por siglos en objeto de codicia y explotación. Con una población a la que permanentemente rinde homenaje, con la permanente fidelidad a sus valores enraizados milenariamente en un sentimiento sagrado de la vida. Capaces de abnegación, de resistencia ante el infortunio, el hambre y la enfermedad. A ellos, a toda la sufriente población de este continente, mi emocionada admiración. Como ustedes saben, vengo de un país que pertenece a esta misma tierra americana y que ha caído de la situación de país rico, riquísimo, (yo en mi juventud la conocí como la séptima potencia del mundo) a ser hoy una nación arrasada por los explotadores y los corruptos, los de adentro y los de afuera. Como la mayoría de nuestro continente, hundido en la miseria, sin plata para cubrir las más urgentes necesidades de salud y educación, exigido por las entidades internacionales para reducir más y más el gasto público siendo que no hay ya ni gasas ni los remedios más elementales en los hospitales, cuando no se cuenta ni con tizas ni con un pobre mapa en los colegios.”

¡Descansa en paz y alúmbranos desde el más allá!

jueves, 28 de abril de 2011

Ausencia y Soledad

La compañía de la soledad enferma de melancolía; la compañía de las ausencias enloquece.

miércoles, 27 de abril de 2011

Aburrimiento

Hay gente que es muy atinada. Como este hombre que tiene la decencia de aburrirse como declaración irrevocable de derrota; así que en unos meses, cuando lo atropelle un camión de helados, morirá con el consuelo de que nunca esperó más de la vida de aquello que recibió.

martes, 26 de abril de 2011

domingo, 24 de abril de 2011

El drama de la voz

Cuando hablo con los demás, escucho el eco de una voz en mi cerebro que editorializa cada comentario ajeno y, a veces, hace pie de página a mis intervenciones en el mundo exterior. Es una voz molesta, como la de una viejecita que vivió en la época de las lamias y guarda en cada acotación la experiencia de cosas que vivió, que imaginó o que convirtió en pesadilla. Cuando estoy sola es cuando más incómoda me pone, porque nunca me permite ver las cosas como quiero sino como son. Es una voz hiperreal de mujer cínica. Esa, para mi desgracia, es la voz de la escritora.

viernes, 22 de abril de 2011

Calvino, Morábito, Roche Rodríguez

Como desde las cinco d ela mañana estoy trabajando en un primer libro que me parece que no va a salir nunca, la cita de Fabio Morábito en la revista Letras Libres (octubre, 2006) que reproduzco a continuación me pegó como un bate:
"Italo Calvino decía que el libro más auténtico de un autor es el primero, que a menudo no es su mejor libro, pero es aquel que lo refleja más profundamente, porque obedece a un impulso genuino de expresión que en los siguientes libros se irá atenuando, sustituido por el oficio y la costumbre. Antes del primer libro no hay nada. Sobre todo, no hay otro libro que, con su presencia, determine el carácter de los libros que habrán de seguirle. Es por eso, agregaría yo, que el primer libro es el que corre más riesgo de ser el último, porque en todo primer libro late el deseo de decirlo todo y luego callarse. Los siguientes libros son la prueba del fracaso del primero, pero también la explicación de ese fracaso. Así, fracasando, es como un escritor se conoce a sí mismo y se da a conocer. El autor de un único libro será siempre un acertijo, un ser inclasificable. Su libro lo retrata profundamente, tan profundamente, que sólo a través de sus libros siguientes, que amortiguan ese resplandor inicial, logramos hacernos una idea de su singularidad".
Su palabra vaya por delante y su sino me permita cerrar mi tormento.

domingo, 17 de abril de 2011

El diario de Zambra

Como siempre esto cazando la (auto)crítica, aquí van unas declaraciones extraídas de una reciente entrevista que tuve con Alejandro Zambra:
"Al contrario de un blog, el diario es genuinamente un espacio intransitivo, propio, intransferible de experiencia. Y al escribir un diario te haces más responsable de las cosas que haces y más consciente y evita tirársela en la cara a los demás".

Corto pero conciso. Como el autor.

sábado, 16 de abril de 2011

Vida vegetal

El hombre se sentó frente a la ventana, todavía sin cambiar la expresión que a su esposa tanto había perturbado. Miró el anochecer y comenzó a salivar. Este acto involuntario de la boca, que en todos los seres humanos es tan común, a Evaristo siempre le divertía, porque le recordaba que había una parte de él que estaba vivo, aunque esta fuera minúscula. Era la misma sección de su existencia que le causaba aquella sensación tan horrible de hambre; aquella necesidad de desmechar a dentelladas cada sección de su alimento.

Cursos en Kaltahos

Chic@s,
La comparto:
https://mail.google.com/mail/?ui=2&ik=fe0d93c404&view=att&th=12f5e5445b64853f&attid=0.3&disp=inline&realattid=f_gmfxch7s3&zw

viernes, 8 de abril de 2011

Inteligencia

Distinta a otras que exponen su pedantería intelectual como un trofeo, ella no acumula fechas de acontecimientos, nombres de directores de cine o títulos de libros en su cerebro. Sabía que era imposible conocer a todos los escritores del mundo, haber visto el universo entero de películas producidas en el último siglo o determinar qué días valía la pena recordar sobre otros, así que no se interesaba en nada de eso. Tan humilde era que ni siquiera hablaba. En el ruido de la calle vertiginosa y de la comunidad altisonante, su silencio era mi bálsamo y mi escuela.

miércoles, 6 de abril de 2011

Pasar callado

No le gusta verlo pasar así, silencioso y meditabundo. Cosida sobre la cara lleva esa expresión que a ella le crispa la rabia. Pasa y ni siquiera repara en que ella esta allí, tejiendo. Lo mira callada. Él ni siquiera la mira silencioso. Ella lo conoce y esa no mirada le basta para saber que algo pasó. Sabe también que fue él mismo quien causó el daño. Pero esta vez hay algo distinto. Y piensa que con todo lo bien que lo conoce, ella misma nunca ha sabido lo que duele su maldad.