viernes, 8 de abril de 2011

Inteligencia

Distinta a otras que exponen su pedantería intelectual como un trofeo, ella no acumula fechas de acontecimientos, nombres de directores de cine o títulos de libros en su cerebro. Sabía que era imposible conocer a todos los escritores del mundo, haber visto el universo entero de películas producidas en el último siglo o determinar qué días valía la pena recordar sobre otros, así que no se interesaba en nada de eso. Tan humilde era que ni siquiera hablaba. En el ruido de la calle vertiginosa y de la comunidad altisonante, su silencio era mi bálsamo y mi escuela.

1 comentario:

Angel Rivero dijo...

...Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclinan las frentes
hacia el suelo...
F. García Lorca

aunque hay quienes dicen que el silencio rompe el corazón...

Saludos