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domingo, 16 de marzo de 2014

Ordenar y escribir


Pienso que escribir es ordenar el caos. Separar, nombrar y organizar los sentimientos para luego construir un esquema que permita entenderlos, de la misma manera que hace un entomólogo a los mosquitos disecados con los que trabaja. El conocimiento y, por tanto, la escritura apenas se trata de transformar el desorden orgánico en una estructura inorgánica eficiente. Darles sentido en el ineludible arreglo que es el mundo. Sistematizar las aprehensiones íntimas con el objeto de hacer que los otros puedan entenderlas.
Todo para luego desordenarlo de nuevo, esta vez en nombre de la estética.

viernes, 23 de agosto de 2013

Entusiasmo por el cuento


  Soy una entusiasta del cuento. De todos los géneros literarios es el que más me emociona. El resultado que sobre mí causa un relato que siga la unidad de efecto de Poe es como la tensión que conquista el cuerpo cuando no sabemos si un ser querido está en peligro. El knockout de Cortázar me duele como el final de un amor. Y la bifurcación de una narración en dos, a lo Chéjov, se parece al hilo argumentativo de mi cotidianidad dual, que abreva de la narración de lo que es ficción y de lo que no.
El cuento es un género cuyo truco y gran dificultad no está en la escritura sino en la edición. Por eso nunca termina el proceso de escribir un cuento. Si uno los comparte con otros es más por el cansancio de seguir escuchándose las mismas anécdotas que por la confianza en el punto final que ha puesto. Es esa misma dificultad de narrar de forma compacta, aunada a la anécdota que apunta a lo trascendente y lo cotidiano a la vez, la que confecciona las mejores frases de la literatura breve.
Y eso es algo que nunca podrá imitar la poesía, que propone sus ideas incrustadas en los sentimientos. El cuento, menos ambicioso, expone sentimientos a través de las anécdotas y sus manos toman de un lado el corazón del lector, que no puede separase de una situación –porque la narrativa breve es de situaciones y la larga, de personajes–, y del otro sujeta las entrañas del escritor, que en cada historia deja lo  suyo con otro poco de lo de los demás.
Por eso me parece más seductor un relato breve, incluso brevísimo, que un poema. Ya, lo dije (escribí). Poetas: no me odien.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Malos libros

A veces, cuando leo una mala novela o una colección de cuentos intrascendente, y especialmente cuando la publicación está firmada por una mujer, me pregunto: ¿y si yo escribiera así y no me he dado cuenta aún? ¿Y si estoy condenada a escribir mal? Entonces soy tan dura con la obra ajena como fuera con la propia. Cuando la prosa se hace insoportable me da insomnio. ¿Y si estamos condenados a convertinros en nuestras pesadillas? O peor... ¿a sufrirlas en vigilia?

jueves, 9 de febrero de 2012

Empatía

Escribir nos hace mejores personas, porque nos obliga a establecer empatía con todos los seres que creamos, aunque sea con lo más abyectos.

domingo, 29 de mayo de 2011

El espejo y la consciencia

Si la consciencia, como la define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es la “capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento”, el espejo, que enfrenta al ser humano con su propia copia, es la imagen más evidente y trágica del reconocimiento, porque ese artefacto deja en evidencia lo que antes de su existencia era imposible de conocer sino a través de abstracciones: cómo se ve nuestra propia imagen en realidad.

domingo, 24 de abril de 2011

El drama de la voz

Cuando hablo con los demás, escucho el eco de una voz en mi cerebro que editorializa cada comentario ajeno y, a veces, hace pie de página a mis intervenciones en el mundo exterior. Es una voz molesta, como la de una viejecita que vivió en la época de las lamias y guarda en cada acotación la experiencia de cosas que vivió, que imaginó o que convirtió en pesadilla. Cuando estoy sola es cuando más incómoda me pone, porque nunca me permite ver las cosas como quiero sino como son. Es una voz hiperreal de mujer cínica. Esa, para mi desgracia, es la voz de la escritora.