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jueves, 9 de febrero de 2012
Empatía
Escribir nos hace mejores personas, porque nos obliga a establecer empatía con todos los seres que creamos, aunque sea con lo más abyectos.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Entrevista con Junot Díaz (Ganador del Premio Pullitzer de Ficción 2008)

JUNOT DÍAZ
“El mundo es mucho
más híbrido que las novelas”
El autor de la colección de cuentos Negocios (Vintage, 1997) y La Maravillosa y Breve Vida de Oscar Wao (2008), novela ganadora del Pullitzer, habla de la experiencia del inmigrante dominicano
Michelle Roche R.
Alto, calvo, moreno e hispano hasta en sus maneras, Junot Díaz no tiene pinta del rock star de las letras norteamericanas que los críticos celebran. Pero cuando habla de literatura, esquivando la mirada, riendo incómodo y nombrando a “gringos” y “latinos” como si no perteneciera a ninguno de esos grupos, uno entiende por qué escribió una saga poblada de parias. Este inmigrante dominicano, llegado a New Jersey a los seis años, es el autor de La Breve y Maravillosa vida de Oscar Wao, pieza ganadora del premio Pullitzer de ficción 2008, el máximo galardón literario en Estados Unidos.
La novela transcurre en dos tiempos históricos: a finales del siglo XX en Estados Unidos y en la República Dominicana de los años 50s. Existen tres hilos narrativos. El primero es la historia de Oscar León, un dude obeso de sexualidad frustrada “que ostentaba su nerdiness como un Jedi llevaba su sable de luz… y soñaba con convertirse en el Tolkein Dominicano”. El segundo es la vida de su madre, Belicia Cabral, portadora del particular virus “la necesidad de emigrar” y cuya familia sufrió descrédito, cárcel y esclavitud en la época de Trujillo. La accidentada relación amorosa de Lola León, la hermana, y Yunior, el narrador, se suman a esta cosmogonía donde queda patente la dramática y heterogénea experiencia cultural de los inmigrantes dominicanos. “El inmigrante ilumina, de manera explícita, todas las antipatías que tiene una sociedad, por eso es el depositario de las ansiedades de las naciones, de la que sale y de la que entra,” explica el escritor.
Así, el sello de esta novela es la hibridez, la cual se hace patente, no sólo por la fragmentación del argumento, sino por el uso del Spanglish, los silencios narrativos o descripciones sumarias y por el desparpajo con el que mezcla hechos históricos de la región Latinoamericana con alusiones a la cultura pop norteamericana.
El uso del Spanglish para describir el working class hispano es uno de los logros de la novela. Por ejemplo, el tío Rodolfo –padre de tres hijos con distintas madres— para “resolver” la castidad de Oscar, aconseja: “Listen palomo: You have to grab a muchacha y méteselo. That will take care of everything. Start with a fea. Coge that fea y méteselo!”. Es una travesura intelectual del escritor: “antes, entender inglés era una posición privilegiada para el lector, pero aquí propongo un shift, donde es importante entender español”, explica Díaz.
Los silencios en la narración están escogidos con particular cuidado; a veces sólo esbozados por líneas en los momento críticos de la historia (— —), o por raudas descripciones de hechos violentos: la esclavitud de Beli, la violación de Lola o las palizas criminales en los sembradíos de caña –comunes durante y después de la era de Trujillo. Estos mutismos son la manera de describir la experiencia postcolonial: “El trauma crea silencio”, dice Díaz. “Compartimos una civilización que depende de eso. La primera reacción cuando te golpean es quedarte callado. Si te traumatizo, yo sé que van a pasar años antes de que puedas transformar ese trauma en lenguaje”. El silencio enmascara las dinámicas sociales que permiten la violencia: “that is insane”, concluye.
No es la primera vez que en la tradición literaria anglosajona se mezcla literatura con alusiones a la cultura pop, autores como Dave Eggers y Michael Chabon son buenos ejemplos. Sin embargo, lo que diferencia a Díaz es que además incluye la cultura popular de Latinoamérica. Como Oscar, Díaz –también criado en los suburbios de New Jersey entre comics, novelas de fantasía, películas de ciencia ficción y juegos de rol—representa la experiencia postcolonial y heterogénea de los hispanos en Estados Unidos.
“El mundo es mucho más híbrido que las novelas”. Sólo en los almuerzos familiares, Díaz presencia la confluencia del Old School realismo mágico, el hiperrealismo latinoamericano y la cultura pop: “Cuando vienen los abuelos a comer, ellos se ponen a hablar de su vida y de República Dominicana, pero en esa misma mesas están mis primos de 15 años que sólo quieren hablar de Raeggetton o Cold Play. Yo traté de buscar una manera de duplicar lo que yo he visto y vivido. Cuando uno escribe, simplifica el mundo.”
RECUADRO:
Por un Pullitzer
El Pullitzer es otorgado desde 1917 por la Universidad de Columbia a un libro de ficción distinguido en el año y “escrito por un autor norteamericano, que preferiblemente trate temas del American life” –según reza su página web. Además, se el dan 10 mil dólares a los galardonados.
Aunque los críticos no pueden explicarse cómo una novela escrita en Spanglish se ganó este premio—reservado para plumas eximias como la de Ernest Hemingway (El Viejo y el Mar, 1953) o William Faulkner (Una Fábula, 1955, Los Rateros, 1963)— y en Barners & Noble le adviertan a uno: “no la compre, a menos que usted speak Spanish like a latino” no es la primera vez que la academia norteamericana reconoce la literatura de quienes hablan desde la periferia. Por ejemplo, las escritoras afro-americanas Alice Walter y Toni Morrison se lo ganaron en los ochenta –la primera por El Color Púrpura (1983) y la segunda por Beloved (1986). Oscar Hijuelos, nacido en Nueva York, fue el primer hispano en ganarse el Pullitzer, por Los Reyes del Mambo (1990). Pero la diferencia es obvia: Hijuelos baila al son que pongan en los yores, y Díaz se siente paria en todas las naciones.
Publicado en la revista Clímax (Octubre, 2008)
jueves, 23 de octubre de 2008
Crónica de la visita de Carmen Maura a Venezuela

EL NACIONAL - JUEVES 16 DE OCTUBRE DE 2008 ESCENAS/1
(fotografía tomada de Internet: http://www.basecine.net/caratulas/ataquenervios.jpg)
Escenas
Maura: "Un rodaje es como una misa"
La actriz española vivió la incomodad deliciosa de ser una celebridad y, aunque estuvo al borde de un ataque de nervios, se fue enamorada del físico de sus colegas venezolanos
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
mroche@el-nacional.com
"Me disculpas que me haya ido así anoche, Ignacio, pero es que no estoy acostumbrada a eso. Imagínate, gente tomándome fotos con cámaras... hasta con móviles. ¡Me dio como una cosa! Me tuve que ir." Así saluda Carmen Maura a Ignacio Castillo, director de La virgen negra.
A ella se le notan sus 63 años de edad en las ojeras y la ropa ajustada –una falda marrón de flores blancas a la rodilla, una camisa brillante y un chal ladrillo sobre los hombros–.
Castillo lleva sus 24 años de edad metidos en una Lacoste holgada que cae sobre sus jeans. Él no sabe sino sonreírle pues, en el momento, una turba de fotógrafos emerge para rodearlos. Están parados en la antesala al salón Río Rupunumi del hotel Meliá. Son las 10:15 am y la rueda de prensa está por comenzar.
Al disculparse con Castillo, la actriz española se refería a una escena de la noche anterior, durante el estreno de la película, cuando su presencia opacó la de cualquier otra personalidad –y había varias–.
Antes de comenzar la función se le acercaba gente a presentarle a su familia, a felicitarla por sus actuaciones, a tomarse una foto con ella, como se hace en Disney World. Un hombre le pidió un autógrafo diciéndole: "Me encantó tu papel en Ha ble con ella". Sin levantar la cara de la hoja, Maura respondió: "Pues será en Volver, porque yo no estuve en ésa".
Sí, la popularidad del director Pedro Almodóvar es su sombra. La intérprete lo llama "estigma". "Lo de Almodóvar me cansa un poco –dijo durante la rueda de prensa–. Mi reencuentro con él en relación director-actriz (en Volver) fue como siempre: el papel salió fenomenal, no tuve que ensayar ni un solo día y todo perfecto. Pero la amistad es imposible de recuperar. Estamos en distintos mundos y tenemos maneras diferentes de ver la vida. No es, para nada, el chico que yo conocí. No es de los directores con los que más me apetezca trabajar, pero si me llama para hacer un personaje difícil, porque no tiene quien lo haga, lo haré." No le gustan los aspavientos del star-system; eso es para la "otra Carmen", la actriz. Por eso odia Los Ángeles. "Hollywood me hubiera interesado si me hubieran ofrecido papelones, pero no ocurrió". Conoció el lugar con Antonio Banderas, cuando hicieron Mujeres al borde de un ataque de nervios.
"Antonio me recogió en mi hotel con un descapotable y todo el pelo para atrás. Me decía: `¡Éste es mi sitio!’ Yo no entendía qué le veía él". Le aconsejaron que se quedara unos meses, buscara un agente e hiciera contactos. "Respondí que estaría encantada de volver si me llamaban para trabajar, pero que no iba, con la edad que tenía, a empezar una lucha de cero, porque ya había luchado por mi carrera, que no se hizo en un día".
La diva blanca. En La virgen negra la actriz representó a la señora Isabel, fundadora del Pueblo de Negros, lugar donde transcurre la historia –Castillo explica que no hay una simbología específica detrás del nombre, así como tampoco hay nada detrás de la piel de la deidad–.
Maura aceptó el papel porque la cautivó el guión "estilo realismo mágico". Explicó que la película, "como parece un cuento", puede pegar en Europa. Interrogada acerca de su remuneración por este personaje, responde molesta: "No hice ningún sacrificio".
Recalca que disfrutó trabajar con Castillo, en quien asegura que ve potencial –y así debe ser, porque el realizador está a punto de publicar su primera novela, Penélope, con Random House Mondadori, y se prepara para comenzar el rodaje de su próxima cinta: La muerte de Márquez–.
A la actriz se le nota que da todo en caliente, sobre el set; pero, luego de terminar sus papeles los olvida rápido. "Un rodaje es como una misa, pero cuando los termino me corto el pelo y boto los guiones".
Señala que esto es una estrategia para no pegarse con los personajes.
"Bueno, chicos, esto se acabó", dice Maura para terminar la rueda de prensa, y deja caer sus palmas sobre la mesa. Acomoda su cartera y se levanta; mientras, Castillo contesta la última pregunta. Luego desaparece, dejando a periodistas de la radio con la palabra en la boca. Vuelve para dar respuestas lacónicas. Después pregunta: "¿Y para mí no hay café? ¿Dónde está el chico que lo servía?" El director concede: "Carmen Maura es una diva, porque producción tiene que estar pendiente de ella todo el tiempo". Sin embargo, agrega que la "diva" lo asesoró bastante –algo que hacía con Almodóvar en su época–. Incluso, refirió una anécdota jocosa de cuando lo acompañó a buscar una locación en las costas de Choroní y se encontraron con una marea inusualmente picada.
jueves, 11 de septiembre de 2008
EXHIBICIÓN DEL MAESTRO CARLOS CRUZ-DIEZ EN NY
Carlos Cruz-DIez muestra su obra “Fisiocromía no. 500”, la cual fue exhibida en la Bienal de Venecia en 1970.
“Quise buscar la solución a los problemas sociales desde el arte y sólo aprendí a trabajar la técnica”, explica. Luego de mucho trabajo descubrió que el color mismo, como experiencia y no como discurso estético, puede servir a la gente: sentir el color fuera del lienzo es una acción interactiva e íntima. “Es fácil decirlo hoy, pero mi noción del color me costó muchos años de aprendizaje”.
Exhibición del Maestro Carlos Cruz-Diez: (Medio: Mi Zona Hispana)
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