domingo, 9 de noviembre de 2008

Entrevista con Junot Díaz (Ganador del Premio Pullitzer de Ficción 2008)


JUNOT DÍAZ
“El mundo es mucho
más híbrido que las novelas”
El autor de la colección de cuentos Negocios (Vintage, 1997) y La Maravillosa y Breve Vida de Oscar Wao (2008), novela ganadora del Pullitzer, habla de la experiencia del inmigrante dominicano

Michelle Roche R.

Alto, calvo, moreno e hispano hasta en sus maneras, Junot Díaz no tiene pinta del rock star de las letras norteamericanas que los críticos celebran. Pero cuando habla de literatura, esquivando la mirada, riendo incómodo y nombrando a “gringos” y “latinos” como si no perteneciera a ninguno de esos grupos, uno entiende por qué escribió una saga poblada de parias. Este inmigrante dominicano, llegado a New Jersey a los seis años, es el autor de La Breve y Maravillosa vida de Oscar Wao, pieza ganadora del premio Pullitzer de ficción 2008, el máximo galardón literario en Estados Unidos.
La novela transcurre en dos tiempos históricos: a finales del siglo XX en Estados Unidos y en la República Dominicana de los años 50s. Existen tres hilos narrativos. El primero es la historia de Oscar León, un dude obeso de sexualidad frustrada “que ostentaba su nerdiness como un Jedi llevaba su sable de luz… y soñaba con convertirse en el Tolkein Dominicano”. El segundo es la vida de su madre, Belicia Cabral, portadora del particular virus “la necesidad de emigrar” y cuya familia sufrió descrédito, cárcel y esclavitud en la época de Trujillo. La accidentada relación amorosa de Lola León, la hermana, y Yunior, el narrador, se suman a esta cosmogonía donde queda patente la dramática y heterogénea experiencia cultural de los inmigrantes dominicanos. “El inmigrante ilumina, de manera explícita, todas las antipatías que tiene una sociedad, por eso es el depositario de las ansiedades de las naciones, de la que sale y de la que entra,” explica el escritor.
Así, el sello de esta novela es la hibridez, la cual se hace patente, no sólo por la fragmentación del argumento, sino por el uso del Spanglish, los silencios narrativos o descripciones sumarias y por el desparpajo con el que mezcla hechos históricos de la región Latinoamericana con alusiones a la cultura pop norteamericana.
El uso del Spanglish para describir el working class hispano es uno de los logros de la novela. Por ejemplo, el tío Rodolfo –padre de tres hijos con distintas madres— para “resolver” la castidad de Oscar, aconseja: “Listen palomo: You have to grab a muchacha y méteselo. That will take care of everything. Start with a fea. Coge that fea y méteselo!”. Es una travesura intelectual del escritor: “antes, entender inglés era una posición privilegiada para el lector, pero aquí propongo un shift, donde es importante entender español”, explica Díaz.
Los silencios en la narración están escogidos con particular cuidado; a veces sólo esbozados por líneas en los momento críticos de la historia (— —), o por raudas descripciones de hechos violentos: la esclavitud de Beli, la violación de Lola o las palizas criminales en los sembradíos de caña –comunes durante y después de la era de Trujillo. Estos mutismos son la manera de describir la experiencia postcolonial: “El trauma crea silencio”, dice Díaz. “Compartimos una civilización que depende de eso. La primera reacción cuando te golpean es quedarte callado. Si te traumatizo, yo sé que van a pasar años antes de que puedas transformar ese trauma en lenguaje”. El silencio enmascara las dinámicas sociales que permiten la violencia: “that is insane”, concluye.
No es la primera vez que en la tradición literaria anglosajona se mezcla literatura con alusiones a la cultura pop, autores como Dave Eggers y Michael Chabon son buenos ejemplos. Sin embargo, lo que diferencia a Díaz es que además incluye la cultura popular de Latinoamérica. Como Oscar, Díaz –también criado en los suburbios de New Jersey entre comics, novelas de fantasía, películas de ciencia ficción y juegos de rol—representa la experiencia postcolonial y heterogénea de los hispanos en Estados Unidos.
“El mundo es mucho más híbrido que las novelas”. Sólo en los almuerzos familiares, Díaz presencia la confluencia del Old School realismo mágico, el hiperrealismo latinoamericano y la cultura pop: “Cuando vienen los abuelos a comer, ellos se ponen a hablar de su vida y de República Dominicana, pero en esa misma mesas están mis primos de 15 años que sólo quieren hablar de Raeggetton o Cold Play. Yo traté de buscar una manera de duplicar lo que yo he visto y vivido. Cuando uno escribe, simplifica el mundo.”


RECUADRO:
Por un Pullitzer
El Pullitzer es otorgado desde 1917 por la Universidad de Columbia a un libro de ficción distinguido en el año y “escrito por un autor norteamericano, que preferiblemente trate temas del American life” –según reza su página web. Además, se el dan 10 mil dólares a los galardonados.
Aunque los críticos no pueden explicarse cómo una novela escrita en Spanglish se ganó este premio—reservado para plumas eximias como la de Ernest Hemingway (El Viejo y el Mar, 1953) o William Faulkner (Una Fábula, 1955, Los Rateros, 1963)— y en Barners & Noble le adviertan a uno: “no la compre, a menos que usted speak Spanish like a latino” no es la primera vez que la academia norteamericana reconoce la literatura de quienes hablan desde la periferia. Por ejemplo, las escritoras afro-americanas Alice Walter y Toni Morrison se lo ganaron en los ochenta –la primera por El Color Púrpura (1983) y la segunda por Beloved (1986). Oscar Hijuelos, nacido en Nueva York, fue el primer hispano en ganarse el Pullitzer, por Los Reyes del Mambo (1990). Pero la diferencia es obvia: Hijuelos baila al son que pongan en los yores, y Díaz se siente paria en todas las naciones.

Publicado en la revista Clímax (Octubre, 2008)