domingo, 16 de abril de 2017

Marcar páginas II: Sistemas de lectura

 La única comunicación que yo quiero sostener con los marcapáginas es cuando hay más de uno dentro de un libro. En la pila de tres o cuatro libros en mi mesa de noche siempre hay uno con más de un marcapáginas: esas son las publicaciones que me causan desasosiego, aquellas que he comenzado a leer y me veo obligada a terminar, no porque me interese en sus tramas o sus reflexiones, sino porque me toca escribir sobre ellos. El primer marcapáginas me dice por dónde voy y el segundo cuánto me falta para terminar el capítulo. Si hay más de dos marcapáginas la lectura será larga y por eso me veo obligada a dosificarla.


Cada marcapáginas, como las pequeñas metas en un triatlón, me dice cuántas pruebas faltan por superar. Porque si bien la mayoría de las veces es cierto el lugar común que dice que leer es un placer, cuando leemos por trabajo, la lectura, aunque sea de ficción, no es más que es eso: trabajo. Además, tengo mucho cuidado en determinar qué libro va marcado con marcapáginas y cuál con post-its. Uno es el libro de una lectora que reseña, el otro es el libro de una académica. Dos formas de leer completamente distintas, dos relaciones con los libros que nacieron del amor a la lectura, pero que en algún lado del camino se convirtieron en otra cosa.