lunes, 21 de noviembre de 2016

Madre mía que estás en el mito

Madre mía que estás en el mito pretende probar que la maternidad virgen de María es el discurso fundamental de lo femenino en Occidente. Como sistema ideológico, la fabricación que hicieron los teólogos de la madre de Dios se convirtió en agente de modelos de femineidad que permitió no sólo naturalizar la paradoja de una maternidad casta sino construir sobre esta noción un entramado moral definitorio de la feminidad occidental que otorga poderes casi de magia simpatética al sufrimiento y a la virginidad –que es un estado físico y no espiritual– mientras los convierte en herramientas para subyugar a las mujeres.

Madre mía que estás en el mito
Dos modelos tomados del perfil mariano resultaron de la construcción del mito que toma como vaga referencia la vida de una mujer de Belén en tiempos del Imperio romano. Uno es el que la proclama como símbolo de las grandes aspiraciones de la humanidad –el amor, la gracia y la civilización, por ejemplo–. Allí las imágenes de la musa y de la Inmaculada Concepción funcionan una como espejo de la otra. Otro es el modelo de la madre abnegada, la construcción de la mujer como herramienta para el logro de las aspiraciones de los hombres, que pasa por la elaboración de la equivalencia entre sufrimiento y purificación que en el catolicismo va más allá de aquel “Ángel del Hogar” que Virginia Woolf criticó en la sociedad protestante victoriana.
Más que una historia “profana” de la construcción del perfil mariano, Madre mía que estás en el mito cuenta cómo esta maternidad casta cumple la doble función de proyectar su pureza sobre la integridad épica del llamado Hijo de Dios y de encubrir la fantasía edípica del incesto propuesta por la pareja que forman Cristo y María, mientras proclama la castidad y la abnegación como modelos esenciales para las mujeres articulados como estrategias imprescindibles para la elevación de la masculinidad.