lunes, 5 de septiembre de 2016

Literatura: gemir y resistir.


En el año 1990, la República Popular de China sentenció al escritor y músico Liao Yiwu a cuatro años de prisión por su poemario titulado  Masacre, donde aludía a los hechos ocurridos en junio de 1989, en la plaza de Tiananmen, cuando miles de estudiantes de personas, muchos de ellos intelectuales, que protestaban contra el régimen comunista fueron reprimidos con crueldad por la policía. A pesar de que hubo cerca de 10.000 heridos y los eventos fueron fotografiados y televisados por cadenas de medios internacionales, durante el cuarto de siglo que ha pasado desde entonces, nadie ha podido hablar en China de lo sucedido.
Ilustración de Peter and Maria Hoey
Tomada de: The New Yorker
Mientras estuvo en la prisión de Chongqing –que era también un campo de trabajos forzados–, el poeta nacido en 1958 fue torturado con frecuencia. Un día intentó quitarse la vida golpeando su cabeza repetidas veces contra la pared. Cuando pudo moverse después de varios días inconsciente, sus compañeros le explicaron que la mejor manera suicidarse era golpeando una pared que tuviera un clavo. Era verdad: muchos lo habían logrado así. La brutalidad de la revelación tuvo el efecto de una epifanía literaria: le hizo encontrar un sentido que su escritura antes no tuvo.
Hasta su encarcelamiento, Liao Yiwu se había tomado la vida sin mayores complicaciones. La escritura le permitía las glorias la celebridad: los aplausos distraídos y el sexo casual. Pero el llamado de la literatura era otra cosa. A veces ni necesitaba papel en blanco para responderlo. Desde que supo que el final de la vida es una pared con un clavo comenzó a interesarse por las historias de los hombres y dedicó el resto de su encarcelamiento a registrarlas con minúsculas notas en un ejemplar de El romance de los tres reinos, la novela clásica china de Luo Guanzhong escrita en el siglo XIV, que era la única posesión que le permitían tener dentro de su celda. Allí se encuentra el germen de los dos primeros libros que publicó cuando salió de la cárcel y de China. Así, este célebre escritor se convirtió en un verdadero autor en la cárcel, décadas después de hacerse un nombre en su país como escritor.

Michelle Roche Rodríguez