lunes, 18 de julio de 2011

Juego vulnerable

Manuel estaba allí, viéndola. La hallaba vulnerable y fácilmente podía abrirle la carne. Imagino que adentro, en su alma, reconocería los miedos de una mujer sin amor propio. Por eso, Ada sintió vértigo. Era su presa, no porque a Manuel le gustara especialmente ella, sino porque podía atacarla. Era una recompensa segura, quizá una bastante limitada, pero a todas luces la presa más fácil.Y era culpa suya, porque desde que había llegado a aquél lugar había dado pruebas de su minusvalía.