miércoles, 27 de julio de 2011

Macerar la rabia

Hace siglos, los cristianos afligían sus carnes con penitencias, con el objeto de expiar sus pecados. Algunos todavía lo hacen. A eso se le llama “macerar”, mortificar el cuerpo. Esa palabra se utiliza también en química cuando se trata de ablandar un tejido, sumergiéndolo en un líquido durante un tiempo prolongado. Pero el enojo que causan ciertas situaciones, por más que nos lo propongamos por fe cristiana o por simple buena voluntad, no pueden moderarse. Así que aquí me hallo, triste e irritada, sumergida en el agua de una bañera que no puede disminuir mi rabia, ni aligerar mi ánimo. Si la ira es un pecado capital, ¿cabe macerarla con la una expiación? ¿No es esto también una forma de violencia? Y qué pasa cuando uno tiene razones de sobra para su disgusto, ¿a quién le toca pagarla?

1 comentario:

Angel Rivero dijo...

A ver, triste, irritada y con rabia?
Permíteme darte una opinión, generalmente ocurre esa combinación de estar triste con rabia porque duele quien hizo lo que a uno irrita y molesta, incluso o con más razón si el culpable es uno mismo.
Un amigo, familiar, novio afines o conexos, compañero, concejal, diputado, presidente, etc. Te traiciono, violo tu confianza, se aprovecho?, pues ese es su precio, es lo que vale y con lo que hizo pagaste para desecharlo individualmente, no hay que desechar todo el género, masculino, femenino o humano, no se me ahogue en la tina please, hay quienes esperamos leerte, saberte.
Es por trabajo?, uffff, que buen chance de cambiarlo..!
Un abrazo
Angel