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sábado, 29 de enero de 2011

El cine Paris

Una auténtica joya arquitectónica que le quedó en herencia a Nueva York—“ombligo del mundo”, como reza el estribillo de Jorge Volpi— esta sala de cine –porque literalmente es un teatro para una sola sala—tiene la particularidad de ser un enclave de los años veinte en plena Quinta Avenida de Manhattan. Esto también revela la insólita particularidad que tiene la cultura francesa de representar la década de los años veinte, incluso un siglo después de esa fecha. Para los neoyorquinos –por el resto de los habitantes de Estados Unidos no me responsabilizo, aunque bien sabemos que en esta península lo que menso habitan son gringos— es como si Francia se hubiera quedado detenida en lo más arcaico del siglo pasado. Condenada, ante los ojos de este lado del mundo, a mantenerse alejada del presente. Aunque el ejemplo quizá sea exagerado, me parce que es muya apropósito para comenzar a pensar en la diferencia entre tipo y estereotipo.

lunes, 24 de enero de 2011

Escuela para padres

Nunca dejan de sorprenderme las cosas que le preocupan al primer mundo. Mientras escribo esto, se discute en el estado de Florida una ley que permitirá a los maestros de escuela, no sólo otorgar calificaciones a sus alumnos, sino también a los padres de estos. En un colegio del estado de Georgia estudian eliminar la enseñanza de la letra cursiva en los niños porque, “ahora todos los niños saben usar la tecnología y escribir en papel se está volviendo obsoleto”, según aventuró la “educadora” de un colegio local. De verdad, ¿qué mensaje están dándole a sus hijos? Y ¿Desde cuándo las malas calificaciones son culpa de los padres y quién decidió que ya no era importante escribir?

martes, 18 de enero de 2011

Warhol y la impermanencia

En agosto de 1962, Andy Warhol comenzó a hacer pinturas seriadas sobre íconos de la cultura popular estadounidense, procedimiento que aprendió a partir de los fotomatones en las estaciones ubicados tren, que hacen una serie de fotografías separadas por milésimas de segundos, a lo Amélie. Pronto, en su taller conocido como La Factoría (47street East, NY) comenzó a experimentar con la misma técnica sobre de 16 mm y a las producciones resultantes las denominó stillies, o “quietitos”: fueron horas de grandes personalidades de la ciudad de Nueva York filmadas, casi sin moverse. . El resultado demuestra que si uno se queda viendo a cualquier persona por mucho tiempo, siempre podrá encontrarle alguna vulnerabilidad.

viernes, 7 de enero de 2011

Con fe en el castellano

A pesar de la secularización que se impone en la vida contemporánea, el la influencia del catolicismo es aún muy fuerte. La fe de nuestra cultura es, literalmente, religiosa. Tomemos ese mismo neologismo. La primera acepción que el diccionario de la Real Academia d e la Lengua Española presenta de la palabra fe reza así: “En la religión católica, primera de las tres virtudes teologales, asentimiento a la revelación de Dios, propuesta por la Iglesia”.

La Academia, que tantos cambios ha hecho últimamente no ha sabido aún destetarse de la religión. ¿Por qué Dios e Iglesia van con mayúsculas cuando en el resto de la ortografía de han aprobado cambios para democratizar la lengua?

Y más importante aún: ¿Cuál es el Dios y cuál la Iglesia de la Real Academia?

lunes, 3 de enero de 2011

Vision agridulce

Después de muchos años apenas hora notaba que el mar tenía un ímpetu inédito, una vehemencia malsana y amenazadora que me aterrorizaba como la culpa o como la visión de una turbulencia inflamable que me reclamaba desde las entrañas del Averno. Estaba cansada y con los ojos llorosos, así que mi visión creó espeluznantes monstruos que danzaban entre los riscos profundos como un precipicio sin fin y oscuros como el remordimiento. Para mi que llevaba acuestas dolor y pecado era el fin del mundo, pero para el resto de los congregados en aquella playa era apenas una visión más de un atardecer en la costa.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Cronopios y famas

Cada cronopio vale tres famas. El problema para entender esta simple operación aritmética es que cada cronopio tiene un fama, y solo uno, que le importa. El resto de los famas, como personajes tautológicos que son, existe sólo para mantener la ecuación por la que un cronopio vale un trío de famas.

En otras palabras: un cronopio vale el fama de sus tormentos, a la que ha sobredimensionado pero que no repara mucho en él, el que vive para hacerle sombra pero al cual el cronopio no puede reconocer ni cuando se planta frente a su nariz, y vale también el fama que sabe que ha nacido sólo para que se complete la ecuación vital del cronopio. Este último fama da tristeza, porque sólo es fama por una circunstancia: la suerte. Cualquier día se levanta de una pesadilla y se halla esperanza.

martes, 7 de diciembre de 2010

Jon Lee y los helicópteros.

Salí de la X Conferencia de la Fundación para la Cultura Urbana, ahora organizada por la Sociedad de sus Amigos, con la sensación de que si yo no tenía un helicóptero no era nadie. Parece que en el año 2001 algún arquitecto hiperbólico le dijo a Jon Lee Anderson –el encargado de dar la conferencia este año– que estaba de moda construir helipuertos en los techos de las casas y los edificios. ¿De moda? Pero eso ¿qué quiere decir? ¿Cuántas personas tiene helipuertos en sus casas?

Esa declaración del periodista norteamericano me llevó a revisar el perfil que se publicó el 10 de septiembre de 2001 en The New Yorker y que ahora puede leerse en El dictador, los demonios y otras crónicas (Anagrama, 2009). Y, entre mis (enardecidas) notas debo notar una alguna escena en la que reproduce líneas de una conversación con “un destacado financiero de intachable ascendencia ibérica” sobre “el mono Chávez” en la que el periodista estadounidense se refería a la esclava negra que les servía el almuerzo. Me da la impresión de que luego de esos dos meses que estuvo acá hace nueve años, Lee Anderson se fue del país pensando que aquí nos dividíamos entre pobres y ricos. Sin matices ni medias tintas. O tienes un helicóptero en tu techo y odias a Chávez o eres pardo y marginal y adoras a Chávez. ¡Qué bueno ser extranjero para ver las cosas tan claras!

martes, 30 de noviembre de 2010

Soñar y escribir

Anoche soñé que escribía. Era la historia de una mujer que quería ser una idea y se enamoraba de un escritor. No se todavía para dónde va el relato pero soñé que lo escribía y que me veía a mí misma escribiéndola. Sentí que no había ninguna otra cosa que quisiera estar haciendo en ése momento. Escribir que escribía, mirar a la mujer que se quiere hacer una idea en la mente del hombre. Yo misma sentí que me convertía en una idea o en un escritor.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Puro cuento

Me gustan los cuentos, leerlos, escribirlos y echarlos. Desde que comencé a leer me llamaron la atención por ser unidades de significado que, cuando son muy buenos, plantan los postulados de cada anécdota como reflexiones urgentes en la mente del lector y cuando son muy malos, evidencian el alivio que causan los finales. Hoy en día los pienso como una paradoja entre el perímetro y la vastedad, como un espacio lleno de fronteras pero que contiene los ingredientes de la universalidad. Me gustan los cuentos, leerlos, escribirlos y echarlos…

jueves, 25 de noviembre de 2010

La palabra “faramallería”

Me encanta el ese neologismo. Disfruto su sonido, todas sus sílabas, el uso del acento casi al terminarse, la elle—que aunque ya no es parte del alfabeto produce una eufonía tan particular que ninguna ortografía va a poder resolver.

Cada vez que oigo a alguien decir “fa-ra-ma-lle-ría”, me transporto a mi niñez. Estoy segura de que eso se debe a que cuando oí esa palabra por primera vez, yo era pequeña. También se bien que se la oí decir por primera vez a papá porque esa palabra es típica de él. No solo es sonora, sino rimbombante –otra palabra típica de mi papá—. Hasta me parece oírlo decir: “Deja la faramllería, chica”.

Pero ¿es que hay una acotación más paternalmente venezolana como ésa?

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Internet

Luego de años intentando acostumbrarme a esta herramienta, con la que se supone que crecí, me doy cuenta de que no existe manera de aprender a usarla. Ella siempre hace lo que le da la gana, es peor que un ser humano. Si quiera con los hombres uno puede esperar que la arbitrariedad sea una reacción a algo que uno les hiciera antes, pero como se supone que las máquinas no piensan en el caso de la fulana Internet es poco, muy poco lo que uno puede hacer. Así que si no le da la gana de abrirte la página, allí te quedaste, frustrada por el resto del día. ¿Quién dijo que esto es progreso, vale?

domingo, 21 de noviembre de 2010

Ansiedad

Se dice más fácil de lo que se hace. “Voy a escribir todos los días”, pensé entonces. Y el pensamiento fue sincero. Como la vez que compré un Journal de piel roja para llevar un diario. “Voy a escribir, aquí en mi diario de piel roja, todas las noches” pensé entonces. Una, dos entradas y el resto una profusión de garabatos. El diario de piel roja lo compré en 2006. Hoy, por fin, le quedan 10 páginas para terminar, pero sólo hay dos que tienen fechas. ¿Puede uno decidir, de un momento a otro que va a cambiar toda su rutina para incluir apenas unos 15 o 20 minutos de escritura al día? Claro que yo escribo más de 20 minutos todos los días. Pero escribo sobre los triunfos de los demás. ¿Cuándo podré poner las fechas juntas, una detrás de la otra y comenzar a construir triunfos que sean míos?

Dice el RAE que la ansiedad es una “angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos”, ¿puede uno enfermarse de falta de tiempo para uno mismo?